Educar Creativamente

Conciencia corporal la llave de la gestión emocional

Que las emociones modulan los aprendizajes es un hecho. Que el éxito académico y profesional está condicionado por la capacidad de gestión emocional de cada persona es una verdad. Y que la inteligencia emocional se está haciendo hueco entre los contenidos y las competencias en los centros educativos es una realidad.

Muchos de los sistemas, métodos y proyectos que se están desarrollando intentan que los niños aprendan a reconocer, identificar, nombrar y gestionar las emociones desde el intelecto. La gestión emocional se trabaja a través de imágenes, fichas, cuentos y debates. Pero falta un elemento clave, y es el cuerpo.

Las emociones habitan en nuestro cuerpo, se perciben y reconocen gracias a la conciencia corporal y por eso el trabajo corporal es un elemento clave para la gestión emocional.

¿A qué nos referimos
cuando hablamos de gestión emocional?

La educación emocional es un proceso educativo que prepara para la vida, y por ende también para el aprendizaje. También permite aumentar el bienestar, lo cual contribuye a mejorar la sociedad.

Por educación emocional deberíamos entender enseñar a los niños a reconocer, identificar y nombrar las emociones básicas en sí mismos y en los demás. También a gestionar las propias emociones, aceptando todas las emociones como legítimas, expresándolas de una forma sana y aprendiendo a utilizar técnicas que les permitan tranquilizarse, motivarse o consolarse según lo que sientan en cada momento.

Otra parte de la educación emocional tiene que ver con el desarrollo de la inteligencia emocional que permite relacionarnos empáticamente, comprender y respetar las emociones de los demás y desarrollar habilidades sociales para trabajar en equipo o liderar.

El SER antes que el SABER

Un niño emocionalmente sano es un niño que aprende más y mejor. Un niño con una buena autoestima y capaz de gestionarse para estar agusto y cómodo en las diferentes situaciones que le plantea la vida, es un niño que no genera conflictos y que es capaz de colaborar y compartir.

De la misma manera, una persona emocionalmente madura y responsable, una persona capaz de encontrar por sí misma la felicidad, es una persona que se relaciona socialmente con empatía y respeto y por tanto aporta energía positiva a la sociedad.

El éxito académico, profesional y personal está estrechamente vinculado a la inteligencia emocional.

Porque la competencia emocional es imprescindible para mantener la motivación a lo largo de los procesos de aprendizaje, de desarrollo profesional o de emprendimiento. También es necesaria para superar las situaciones de estrés que pueden generar los estudios o el trabajo. Para gestionar la frustración que podría provocar los baches que se presenten en el camino. Para relacionarse con los compañeros en los centros educativos o en el puesto de trabajo, para trabajar en equipo, dialogar de manera constructiva, compartir ideas, liderar equipos…etc. La educación emocional es una importante inversión de futuro a nivel individual y social.
Su incorporación en el currículum de todos lo niveles educativos debería ser prioridad.

La gestión emocional
empieza con la conciencia corporal

Por lo general la educación emocional que empieza a colarse en los centros educativos está muy centrada en la resolución pacífica de conflictos o en eliminar comportamientos no deseados. Así han surgido dos de las técnicas más difundidas: la técnica del semáforo y la técnica de la tortuga. La competencia emocional también se trabaja a través de imágenes o cuentos, como el Monstruo de Colores, que ayudar a desarrollar debates en torno a las diferentes emociones y así los niños aprenden a nombrarlas.

Todos estos proyectos se quedan en el intelecto y son difíciles de llevar a la práctica, porque falta un elemento que es imprescindible para poder identificar y gestionar las emociones: el cuerpo.

Las emociones habitan en el cuerpo
y solo podemos sentirlas, identificarlas y gestionarlas
desde el cuerpo y con el cuerpo.

Las emociones se generan como respuesta a un estímulo externo, una situación que nos plantea la vida, y un estímulo interno, los pensamientos que desarrollamos a partir de esa situación.

La relación entre el pensamiento y la emoción es:

  • Continua. Es decir, que se retroalimenta constantemente para mantener una disposición corporal acorde con los pensamientos.
  • Bidireccional. Es decir, que el pensamiento provoca un estado en el cuerpo y a su vez, la actitud corporal genera nuevos pensamientos que refuerzan esa misma emoción.

Para poder gestionar nuestras emociones debemos:

  1. Percibir lo que está pasando. Y una buena forma de hacerlo es percibir las alteraciones en el cuerpo gracias a la conciencia corporal. Si noto que estoy tensando la mandíbula y apretando los puños puedo ver que me estoy enfadando.
  2. Relajar el cuerpo, a través de la respiración consciente, para que deje de enviar mensajes al cerebro.
  3. Detener la cadena de pensamientos que alimenta la emoción que queremos gestionar. Esto podemos lograrlo centrando la atención en las percepciones de nuestros sentidos.
  4. Reconducir mi cuerpo y mi mente hacia un estado de tranquilidad y bienestar. Lo conseguiremos relajando la respiración y corrigiendo la actitud corporal. Por ejemplo, respirando profundamente, estirando la espalda y sonriendo.

Todas las emociones provocan la segregación de ciertas hormonas que generan cambios en la respiración, la distribución de la sangre y la tensión muscular. Reconocer estos signos en nuestro cuerpo es imprescindible para poder identificar correctamente la emoción que estamos experimentando. Confiar en nuestra mente cuando nos vemos embargados por una emoción resulta complicado porque el pensamiento está alineado con esa emoción y nuestra mente tratará de convencernos de que sigamos “emocionados”.

Juegos de movimiento
para desarrollar la competencia emocional

Muchos profesores a título personal y también algunos centros educativos han introducido programas para desarrollar la competencia emocional. Las emociones se trabajan a través de cuentos, fichas, dibujos y debates. Pero en la mayoría de estos proyectos falta un elemento clave: el cuerpo.

A través del trabajo corporal podemos:

  • Aprender a tomar conciencia de lo que está pasando en nuestro cuerpo.
  • Tranquilizar la respiración y relajar las tensiones, para cambiar la dinámica del cuerpo y así evitar cualquier acto impulsivo provocado por la emoción.
  • Centrar la atención en las percepciones de los sentidos, para romper la cadena de pensamiento que está retroalimentando esa emoción.
  • Reconducir nuestro estado de ánimo, a través de un cambio consciente en la respiración, en la actitud corporal y en el gesto de la cara.

Este trabajo debe realizarse «en frío” y no en los momentos de conflicto. Es un entrenamiento que necesita práctica constante, por lo que debe realizarse de manera regular. Si utilizamos juegos de movimiento, los niños se motivan naturalmente y están mucho más predispuestos a aprender. A partir de la experiencia práctica del juego ya podremos introducir la información más teórica y los debates sobre las emociones.


Ainhoa Sarmiento

Experta en educación y desarrollo de la creatividad a través del movimiento.

Activista, formadora y orientadora de nuevos modelos educativos en Educar Creativamente.

Con mi proyecto Aulas en Movimiento ayudo a profesores comprometidos con el cambio y la innovación a utilizar el trabajo corporal y el movimiento como herramientas para mejorar la atención y los procesos de aprendizaje.


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