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El sexto sentido no es una peli de fantasmas, existe de verdad

No aparece en los libros de texto y en Wikipedia es una película. Pero lo cierto es que poseemos un sexto sentido, la propiocepción, y su función es imprescindible para la vida y la supervivencia.

¿Pero no eran cinco sentidos?

En todos los colegios se enseña a los niños que poseemos cinco sentidos, asociados a cinco órganos, que nos permiten percibir el mundo exterior: la vista a través de los ojos, la audición a través de los oídos, el olfato a través de la nariz, el tacto que se extiende por toda la superficie de la piel, y el gusto en la lengua.

Sin embargo, existen otros sentidos que nos informan de lo que sucede en el interior de nuestro cuerpo. Cosas tan importantes como el dolor, la temperatura, el equilibrio o la posición de nuestro cuerpo en el espacio.

De acuerdo con los científicos, el sexto sentido es el sentido de propiocepción, que nos informa de la posición relativa del cuerpo en su conjunto y de sus partes, cuando estamos quietos, pero también durante el movimiento. Por eso, es un sentido imprescindible para la supervivencia, porque sin él no seríamos capaces de llevar los alimentos hasta nuestra boca, huir de un peligro, tumbarnos, levantarnos, mantener el equilibrio…etc.

Y al igual que sucede con los 5 sentidos, el sentido de propiocepción cuenta con una serie de órganos asociados: los husos musculares, los órganos tendinosos de Golgi, los propioceptores capsuloligamentosos y los propioceptores vestibulares.

El sentido de propiocepción está estrechamente ligado al sistema vestibular, que se encarga de mantener el equilibrio, orientarnos en el espacio e informar de la posición relativa del cuerpo en relación a la gravedad.

El sistema vestibular es el primer sentido que se desarrolla en el útero materno, organiza la percepciones de los 5 sentidos (vista, oído, olfato, tacto y gusto) y participa directamente en el desarrollo neuronal y cognitivo.

Visto así, podríamos afirmar que el sexto sentido debería ser en realidad el primero.

¿El sexto sentido nos permite ver el más allá?

De acuerdo con la Real Academia Española de la Lengua, el sexto sentido es “la capacidad para percibir de manera intuitiva lo que de ordinario pasa inadvertido” Esta definición responde a la concepción popular del sexto sentido como una capacidad para la percepción extrasensorial, la premonición, la intuición… incluso la capacidad para comunicarse con otros mundos. Y lo cierto es que esta idea tiene en realidad una base muy lógica.

Si, porque el sentido de propiocepción nos informa de la posición relativa de las diferentes partes de nuestro cuerpo. Y esta posición conforma una postura que va inevitablemente asociada a un estado de ánimo, a una emoción o a una intención. De manera que la percepción de nuestra posición puede modular el estado emocional. Es como cuando sonreímos voluntariamente y eso hace que de pronto nos sintamos mejor, o cuando relajamos voluntariamente la mandíbula y eso provoca un descenso en el ritmo de nuestra respiración.

Gracias al sentido de propiocepción podemos cambiar nuestro estado de ánimo, cambiando la posición de nuestro cuerpo o la tensión de nuestros músculos.

Pero eso no es todo. Además contamos con un sistema, conocido como el sistema de neuronas espejo, que hace que nuestro cerebro imite internamente el movimiento que observamos. Esto nos permite “leer” en el cuerpo de los demás, porque imitamos su postura, o su actitud corporal y esa imitación despierta en nuestro cerebro la emoción o la intención asociada a esa postura. Así podemos comprender de una forma empática lo que la persona observada está sintiendo, o su intención. Es por esto que el bostezo y la risa son contagiosos. Este sistema es imprescindible para la comunicación, que en los seres humanos es en un 90% no verbal.

Visto así, podemos afirmar que el sexto sentido, la propiocepción, en asociación con el sistema de neuronas espejo, nos permite “percibir de manera intuitiva lo que de ordinario pasa inadvertido”, tal y como afirma la RAE.

¿Por qué es el gran olvidado?

Probablemente porque fue el último en llegar al ámbito científico. El término propiocepción fue introducido en 1906 por el Doctor sir Charles Scott Sherrington, Premio Nobel de Medicina. Y claro, como las cosas de palacio van despacio, un siglo no es suficiente como para que pueda ser introducido en el sistema educativo.

Además, primero debería enfrentarse a esa herencia de la dualidad cartesiana que todavía, y a pesar de los pesares, establece que el cuerpo solo está ahí para llevar el cerebro de un sitio a otro. Y que todos los procesos de aprendizaje están firmemente anclados en el cerebro y solo dependen de este órgano.

Se nos olvida que el cerebro se crea y se desarrollo en los seres vivos que se mueven a voluntad. Y que se desarrolla precisamente para permitir ese movimiento voluntario.

Los primeros aprendizajes del bebé se relacionan precisamente con la capacidad para mover su cuerpo voluntariamente. Y así, mientras el niño aprende a moverse, se generan las primeras sinapsis o conexiones entre neuronas, que van a estructurar su cerebro.

Se nos olvida que todos los aprendizajes del ser humano están mediados por las percepciones de su cuerpo a través de todos los sentidos, que son más que cinco.

Se nos olvida que todos los aprendizajes del ser humano están mediados por las percepciones de su cuerpo a través de todos los sentidos, que son más que cinco.

Se nos olvida que para poder ver, escuchar, leer, escribir, sentarse, sacar punta al lápiz, entregar un examen… necesitamos un tener un cuerpo y necesitamos poder moverlo a voluntad.

Si el sentido de propiocepción es tan importante para el desarrollo cognitivo y los procesos de aprendizaje, ¿por qué sigue desterrado de los centros educativos? En realidad no está desterrado, simplemente es que nunca llegó a entrar.

¿Y qué podemos hacer los profesores?

Podemos empezar por tomar conciencia de la existencia de este sexto sentido. También podemos contribuir a que pueda entrar en los centros educativos, dejando de castigar el movimiento en nuestras aulas. Y también podemos formarnos y aprender a utilizar el movimiento como estrategia didáctica para mejorar el desarrollo cognitivo y los procesos de aprendizaje.


Ainhoa Sarmiento

Experta en educación y desarrollo de la creatividad a través del movimiento.

Activista, formadora y orientadora de nuevos modelos educativos en Educar Creativamente.

Con mi proyecto Aulas en Movimiento ayudo a profesores comprometidos con el cambio y la innovación a utilizar el trabajo corporal y el movimiento como herramientas para mejorar la atención y los procesos de aprendizaje.


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